Un espacio para la búsqueda, el riesgo y la creación flamenca

Hay un momento en el que el flamenco todavía no sabe en qué va a convertirse.

Está en el gesto que se ensaya por primera vez, en la pregunta que todavía no tiene respuesta, en una voz que busca otra manera de decir, en un cuerpo que se pregunta hasta dónde puede llegar o en una melodía que se atreve a salir del camino conocido. Es un instante casi invisible, anterior al escenario y al aplauso, en el que la tradición se encuentra con la necesidad de transformarse.

Es ahí, en ese territorio todavía incierto, donde la XXIV Bienal de Flamenco encuentra uno de sus lugares más reveladores: el Teatro Central.

Durante nueve noches, del 11 de septiembre al 2 de octubre, el Central se convertirá en un espacio para la búsqueda. Siete estrenos absolutos y dos propuestas que llegan como noches únicas dibujarán un paisaje donde conviven artistas consagrados y nombres que empiezan a ocupar su propio lugar. Un paisaje donde la tradición no aparece como un destino, sino como un punto de partida.

Porque quizá lo invisible del flamenco esté precisamente ahí: en todo aquello que sucede antes de que una creación encuentre su forma definitiva.

Un mosaico de caminos que se cruzan

Durante la tertulia, nos acompañaron numerosos representantes institucionales que, sin duda, no quisieron dejar pasar la oportunidad de mostrar todo lo que hay detrás de la Bienal: los procesos, el esfuerzo, la implicación y la dedicación.

La directora general de Innovación y Promoción Cultural de la Junta de Andalucía, Pía Halcón, puso en valor el Teatro Central como espacio de referencia en la cultura y, por supuesto, en el flamenco:

“En el Teatro Central, Premio Max de las Artes Escénicas, vuelve a acoger no solo los ensayos de las diferentes compañías que nos van a visitar, sino para los espectáculos que están programados».

Por su parte, el director del Instituto Andaluz del Flamenco, Cristóbal Ortega, aprovechó este encuentro para desear larga vida a la Bienal:

«Larga vida vida al flamenco y larga vida a la Bienal. Todos a disfrutar en septiembre y octubre y que una vez más, la Bienal sea esa ventana al mundo de todo lo que sucede en el flamenco en la ciudad de Sevilla».

La delegada de Turismo y Cultura del Ayuntamiento de Sevilla, Angie Moreno, puso el acento en una Bienal que crece también gracias a la suma de complicidades. La colaboración entre administraciones y el impulso del patrocinio privado, explicó, están permitiendo reforzar la proyección de un festival que pertenece a Sevilla, pero que hace tiempo que dejó de ser solo de Sevilla.

Moreno recordó sus encuentros con algunos de los artistas programados fuera de nuestras fronteras. Primero en París, después en Nueva York, comprobando en ambos lugares la admiración que despiertan nombres como Andrés Marín o Rosario La Tremendita.

“La Bienal de Flamenco de Sevilla marca tendencias y proyecta al mundo algunos de los artistas más innovadores y respetados de nuestro tiempo”, señaló. El Teatro Central es, en ese sentido, una buena representación de esa vocación: “un ejemplo de esa capacidad de la Bienal para combinar tradición, vanguardia y excelencia artística”.

Luis Ybarra, director de la Bienal, sin embargo, lo explicó desde otra perspectiva.

La programación no debe entenderse como una colección de espacios independientes, sino como “un mosaico de ciclos que dialogan entre sí”. Y en ese mosaico, el Central ocupa un lugar particular. “Del mismo modo que el baile entra en el corazón del cante a través del Lope de Vega, el cante también penetra en el templo del baile, abriendo y cerrando las puertas del Central”, explicó.

La puerta se abrirá el 11 de septiembre con Rosario La Tremendita y Menos es más. El estreno absoluto de su nuevo trabajo será también una declaración sobre lo que significa buscar: partir del flamenco de raíz y del folclore para dejar que el jazz, el rock o el funk entren en la conversación. Producida junto a Dani de Morón, la propuesta hará convivir pasado, presente y futuro en un mismo paisaje sonoro. Y, sin duda, nadie mejor que ella para explicarnos qué veremos:

«Menos es más es una reflexión sobre la huída del ruido. Después de siete álbumes y en los tiempos en los que estamos en los que todo es tendencia, y todo es moda, cuando ya tienen una idea preconcebida de lo que eres tu y de tu música, es muy difícil salirte de todo eso y realmente seguir tu evolución y crecimiento en el arte, que para mí es mi principal objetivo».

Dos días después, el 13 de septiembre, José Maya llevará al Central Lejano, una pieza construida alrededor de la memoria. El bailaor se despoja de artificios para acercarse al cante y a la danza como herramientas de búsqueda personal, tratando de encontrar aquello que permanece cuando todo lo demás desaparece.

El 15 de septiembre, Isabel Bayón reunirá a David Lagos, Miguel Ortega, Antonio Campos, Inma Rivero y José Luis Ortiz Nuevo en Epílogo de un cante que se hizo baile. Suite de cantes. Una de las noches únicas de esta edición en la que la palabra, la voz y el movimiento se preguntarán cómo un cante puede transformarse en cuerpo. Con dirección musical de Jesús Torres y la colaboración especial de la propia Bayón al baile, la propuesta buscará en esa frontera invisible entre escuchar y moverse.

En representación de la propia Isabel Bayón, el guitarrista Canito quiso leer unas palabras de la bailaora ante todos los asistentes:

El cuerpo también guarda secretos

El 21 de septiembre, Olga Pericet abrirá otro de esos lugares donde memoria y presente se confunden. Perspectivas sobre un baile sonoro parte de su celebrado Baile Sonoro para revisar tres décadas y media de trayectoria. José Manuel León a la guitarra y Mercedes Cortés y Miguel Lavi al cante acompañarán a la bailaora en una investigación sobre el cuerpo, la identidad y las posibilidades del recital flamenco.

Dos días después, el 23 de septiembre, llegarán Juan Tomás de la Molía y Águeda Saavedra con Te atrevo, una creación dirigida por Manuel Liñán. Los dos jóvenes intérpretes, que debutan en solitario en la Bienal, compartirán por primera vez el centro de una propuesta que nace también del diálogo con quien ha sido una figura fundamental en sus respectivas trayectorias. Dos artistas que representan el presente y, al mismo tiempo, ese futuro que todavía está tomando forma.

El 25 de septiembre, el Central se desplazará hasta otro lugar de la memoria. Andrés Marín estrenará Desierto, una creación nacida de los ecos de la Alameda de Hércules y de todo aquello que ese lugar conserva aunque ya no pueda verse. No será una reconstrucción del pasado, sino una búsqueda de sus huellas: la soledad, la ausencia, los cuerpos que estuvieron allí y las historias que permanecen.

Y, ante la pregunta de por qué Desierto, Andrés Marín compartía: «en esta sociedad donde todo es tan rápido y no hay tiempo para la escucha, hay que ser honesto con uno mismo y con lo que haces. A mi me gusta el arte de escucha, del tiempo, de pararte, es una necesidad vital. Desierto en la Alameda de Hércules es un desasosiego que siento y que me decae, por eso quería contar con la figura de José de la Tomasa que, para mí, es el único representante que hay del cante flamenco de la Alameda».

El flamenco tradicional convivirá con el universo sonoro de Karlheinz Stockhausen, mientras la luz, el cante, la música y el movimiento irán construyendo un paisaje donde pasado y presente dejan de ser tiempos separados.

Lo que ocurre cuando las fronteras desaparecen

El 27 de septiembre, Estévez/Paños y Compañía llevarán al escenario Doncellas (juerga permanente), una fantasía coreográfica inspirada en Ramón Montoya, figura esencial para entender la guitarra flamenca moderna.

Pero mirar a Montoya no significará quedarse en el pasado. El baile más ortodoxo convivirá con la danza española, la contemporánea y las formas más experimentales en una celebración de la fiesta, la libertad y el encuentro. Una manera de recordar que la tradición también puede ser un lugar desde el que saltar.

El 29 de septiembre, Sara Jiménez estrenará La compañía, acompañada por Julio Ruiz, Mariana Collado, Tomás de Perrate, Teresa Hernández y Raúl Cantizano. La inspiración llegará esta vez de las troupes ambulantes y de ese universo donde artistas, personajes y espectadores se mezclan. Flamenco, danza contemporánea, teatro y ecos del circo construirán una fábula sobre la identidad, la diferencia y el papel de quien decide dedicar su vida a crear.

Será otra forma de hacer visible lo que normalmente queda entre bambalinas: la fragilidad, el trabajo, la extrañeza y también la libertad que hay detrás de cualquier artista que decide caminar por un camino propio.

Y el 2 de octubre, el Central cerrará sus puertas con Sandra Carrasco y David de Arahal y el estreno absoluto de Poema de la libertad. La figura de Pepe Marchena, coincidiendo con el 50 aniversario de su fallecimiento, será el punto de partida para hablar precisamente de eso: de la libertad como fuerza capaz de transformar el arte.

«Creo que la forma de comunicarnos y de relacionarnos Sandra y yo no hace que en Poema de la libertad mi guitarra no sea un mero acompañamiento, sino que ambos buscamos esa poesía. No se trata de que una persona cante y otra toque y se le acompañe, sino que me interesa saber qué quiere contar la cantaora en este caso». Con estas palabras, David de Arahal compartía cómo ha sido el proceso creativo de ambos artistas.

Voz y guitarra se encontrarán para recorrer un legado que supo romper moldes sin dejar de pertenecer al flamenco. Porque Marchena entendió algo que la Bienal vuelve a poner sobre la mesa: que conservar una tradición también puede significar atreverse a moverla.

Flamenco en estado de búsqueda

Quizá por eso Luis Ybarra prefiere no hablar de una programación “experimental”.

“Todo proceso creativo, por definición, es experimental. Por eso no me gusta hablar de una programación experimental, sino de flamenco en estado de búsqueda”, afirmó.

La frase podría funcionar como una llave para entrar en todo lo que ocurrirá en el Central. Porque los nueve espectáculos comparten precisamente esa necesidad de no quedarse quietos y de buscar nuevos lenguajes, nuevas miradas y nuevas formas de conversar con la tradición.

Aquí estarán el cante que se hace baile, el baile que recuerda, la guitarra que abre caminos, el cuerpo que guarda memoria, la fiesta que rompe fronteras y la voz que vuelve sobre una figura del pasado para preguntarse qué significa ser libre hoy.

Son estrenos, noches únicas, encuentros entre generaciones y artistas que se atreven por primera vez a ocupar el centro de su propio relato.

Y quizá ahí esté una de las formas más profundas de revelar lo invisible: en recordar que antes de que el flamenco se convierta en espectáculo, ha sido siempre una búsqueda.

Un cuerpo que prueba.

Una pregunta abierta.

Una voz que se arriesga.

Un artista que todavía no sabe exactamente dónde va a llegar.

El Teatro Central será, durante la Bienal, el lugar donde podremos verlo.

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