Cuando la Plaza volvió a sonar

Hay lugares que conservan una memoria que no siempre es visible. La piedra la guarda, aunque nadie la nombre. La arena la recuerda, aunque lleve décadas en silencio. Basta detenerse unos minutos en el centro de la Real Maestranza para comprender que allí también hubo flamenco.

Mucho antes de que la Bienal soñara con ocupar sus tendidos, antes incluso de que el flamenco encontrara definitivamente los teatros, las plazas de toros fueron uno de los grandes escenarios donde el arte jondo aprendió a dialogar con las multitudes. Allí convivían la solemnidad del cante y el bullicio popular; allí sonaban los nombres de Manuel Vallejo, Pepe Marchena o La Niña de los Peines cuando el flamenco comenzaba a convertirse en un espectáculo de masas sin perder su intimidad gracias a la Ópera Flamenca.

Quizá por eso El mundo por montera no nace como una simple gala inaugural. Nace como un regreso.

Un homenaje vivo, no una reconstrucción

Durante la tertulia de presentación en el Hotel Colón quedó claro que la intención nunca fue mirar al pasado desde la nostalgia.

El director de la Bienal y uno de los directores artísticos del espectáculo, Luis Ybarra, hizo en primer lugar hincapié en que “‘El mundo por montera’ no es un festival dentro de la plaza de toros, sino un espectáculo con un diseño y por un motivo concreto”.

Y es que, “un siglo después del apogeo de la Ópera Flamenca, cuando lo jondo se instaura en los cosos durante los años 20 de la mano de la Niña de los Peines, Pepe Marchena, Manuel Vallejo y toda esa generación sublime, nuestra expresión artística vuelve a ocupar este lugar. Lo hace sin nostalgia, con figuras de hoy para revisitar un repertorio de una riqueza extraordinaria” – Luis Ybarra.

Por su parte, Andrés Marín, también director artístico, definía la propuesta como “un viaje y una ensoñación” y “una comunión entre generaciones a través de la que se va a trabajar una diversidad de palos que se irá descubriendo durante la obra”.

“No queremos reproducir ni imitar lo que ocurrió en los años veinte”, explicaba. “Nos interesa recuperar esa herencia, esa energía expansiva, y revisitarla desde la mirada de hoy”.

Quizá esa sea una de las claves de la Bienal: revelar que la tradición no consiste en repetir, sino en seguir conversando con aquello que permanece vivo.

Muchas voces, una misma historia

El cartel de El mundo por montera parece construido como una fotografía del flamenco actual. Ahí estará José Mercé, una voz que ha sabido llevar el cante a públicos muy diversos sin perder nunca el acento de Jerez.

Junto a él, José de la Tomasa, guardián de una de las formas más profundas del cante sevillano, y Manuel de la Tomasa, símbolo de una nueva generación que hereda ese legado sin dejar de buscar su propio camino. Una vez más, la Gala El mundo por montera evidencia la unión entre generaciones y lo hace a través de una de las sagas flamencas más reconocidas del flamenco.

«Estoy muy feliz de volver a la Bienal en una gala en la que se han puesto tantas cosas bonitas y tanto cariño por parte de todas las personas que la han ideado y de todos los artistas que formamos parte de ella». – Manuel de la Tomasa

También Martirio, capaz de tender puentes entre la copla, el flamenco y la canción; Arcángel, siempre dispuesto a abrir nuevos horizontes sonoros; La Tremendita, donde tradición y experimentación conviven con absoluta naturalidad; Ángeles Toledano, una de las voces jóvenes que con más fuerza está renovando el panorama flamenco; y El Perrete, cuya forma de entender el compás bebe de la fiesta y de la raíz.

Durante la tertulia, el cantaor Arcángel también quiso compartir con los asistentes algunas reflexiones:

«Me parece valiente comenzar una bienal de flamenco arraigada a esa tradición que da paso a la vanguardia»

La guitarra flamenca estuvo representada en el Hotel Colón por Manolo Franco, uno de los grandes maestros de la guitarra flamenca contemporánea que afirmó estar muy ilusionado con la Gala, por celebrarse en un lugar tan emblemático, rodeado de grandes artistas y en su tierra natal:

«Para mi es un orgullo estar en la Gala ‘El mundo por montera’ y compartir cartel con este elenco de categoría (…) Además, me gusta mucho también la idea de la combinación entre veteranos y jóvenes»

En el baile, el Ballet Flamenco de Andalucía, dirigido por Patricia Guerrero, aportará ese lenguaje colectivo donde la tradición encuentra nuevas formas de movimiento.

No es una suma de nombres. Es una conversación entre generaciones, estéticas y maneras de entender el flamenco.

Un cartel que también revela una historia, a veces, invisible

Hasta el propio cartel revela algo que normalmente pasa desapercibido.

José Miguel Pereñíguez no quiso ilustrar simplemente un espectáculo. Recuperó el lenguaje gráfico de los antiguos anuncios de la Ópera Flamenca para construir una imagen donde aparece Chicuelo, tocado con su montera, convertido en un gran collage de referencias a todos los artistas participantes.

Un juego visual donde cada fragmento esconde un guiño, una procedencia, una identidad.

Como ocurre con el propio flamenco: cuanto más se mira, más cosas aparecen.

Un final que nos hizo entrar por la puerta grande

La tertulia terminó lejos de la mesa de presentación.

Cruzamos la Puerta del Príncipe y descendimos hasta el ruedo. Allí no había público, ni focos, ni guitarras afinándose todavía. Solo el silencio de una plaza vacía esperando septiembre.

Y, sin embargo, costaba no imaginarlo: las voces ocupando los tendidos; el Ballet Flamenco de Andalucía dibujando el compás sobre la arena; José Mercé rompiendo el silencio; Arcángel, Martirio, La Tremendita o Ángeles Toledano haciendo que un espacio construido para otros rituales recuperara una memoria que parecía dormida.

Quizá esa sea la verdadera imagen que deja esta tertulia.

No la de un espectáculo anunciado, sino la de un lugar que vuelve a recordar quién fue.

Porque también eso es La Bienal se revela: descubrir que lo invisible no siempre está oculto. A veces lleva un siglo esperando a que alguien vuelva a escucharlo.

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Continua revelando lo invisible: