La Bienal de Flamenco presenta una programación de nueve espectáculos que convierte el Teatro Alameda en un territorio de descubrimiento, memoria y celebración. Un recorrido que transita por la juventud, el legado y la fiesta más genuina para revelar ese flamenco que sigue latiendo lejos de los focos.
Hay escenarios que no solo acogen espectáculos: los provocan. Espacios donde el flamenco deja de ser únicamente representación para convertirse en encuentro. Esta XXIV Bienal de Flamenco vuelve a situar al Teatro Alameda como uno de esos lugares donde lo invisible se hace presente. Un refugio para la escucha, un punto de reunión entre artistas y aficionados, y un escenario donde las noches irán desvelando, poco a poco, las distintas edades del flamenco.
La programación del Alameda, presentada en una tertulia celebrada en el Mercado del Barranco, reúne nueve propuestas que dialogan entre sí como un único relato. Estrenos absolutos, noches únicas y proyectos concebidos expresamente para la Bienal conforman un itinerario que, como explicó el director del festival, Luis Ybarra, se articula en tres movimientos: la juventud, la memoria y la celebración.
«No se trata de que el público analice estos tres bloques, ni siquiera de que los diferencie de manera consciente, sino de que, al acudir de forma asidua, sienta que algo ocurre. Que todo tiene un principio y un final. Un desarrollo más perceptivo que narrativo» , señaló Ybarra durante el encuentro.
El primer impulso: la juventud que ya es presente
El viaje comienza con quienes representan el presente y el futuro del flamenco. No como promesas, sino como artistas que ya están escribiendo su propia historia.
El 12 de septiembre, Ángeles Toledano abrirá la programación con el estreno de La misma sangre del cuerpo, una propuesta en la que la cantaora jienense continúa profundizando en ese territorio donde la raíz flamenca convive con una escritura contemporánea, una mirada propia y una forma de entender el cante desde la emoción y la verdad.
Dos días después, el 14 de septiembre, llegará el estreno absoluto de Sobre todas las cosas, de Macarena López. La bailaora plantea un ejercicio de búsqueda donde el cuerpo deja de ser el único lenguaje para dialogar con la voz, el silencio y la palabra, construyendo un ritual escénico atravesado por la memoria, la identidad y la espiritualidad.
«‘Sobre todas las cosas’ parte desde un lugar muy íntimo, desde el que partimos de algo honesto con vistas a la fantasía» – Macarena López
La guitarra tomará el relevo el 16 de septiembre con José del Tomate y Sonanta 3.0, un concierto que parte de la tradición heredada de una de las grandes sagas del toque para adentrarse en nuevos paisajes sonoros. Un viaje donde la guitarra se transforma sin perder nunca de vista su origen.
«‘Sonanta 3.0’ tiene un sonido más electrónico, pero sin quitarle prioridad al sonido nuestro, al flamenco. A través de esa fusión, partiendo de la raíz de los palos flamencos que solemos tocar, hago también un recorrido de algunas piezas de mi familia hasta llegar a la composición final.» – José del Tomate
Este primer bloque culminará el 20 de septiembre con la Gala del Circuito Andaluz de Jóvenes Flamencos, dirigida por Arcángel y realizada en colaboración con el Instituto Andaluz de la Juventud. Sobre el escenario se darán cita los cuatro artistas seleccionados en la segunda edición del circuito, ofreciendo una fotografía del talento emergente que ya comienza a escribir el futuro del flamenco.
La memoria como lugar donde seguir encontrándose
La segunda parte del recorrido mira hacia atrás para comprender el presente. No desde la nostalgia, sino desde la certeza de que la memoria sigue siendo un espacio fértil para la creación.
El 22 de septiembre, Joselito Acedo reunirá en Patio a distintas generaciones de artistas para recuperar el espíritu de los antiguos corrales de vecinos de Triana. Junto a él estarán Rafael Riqueni, José Acedo padre, Pastora Galván, Manolo Marín, José Lérida e Ismael de la Rosa “El Bola”, entre otros, construyendo una conversación escénica donde el flamenco vuelve a entenderse como lenguaje compartido.
«El hilo conductor será mi guitarra, pero quiero representar varias generaciones que hay en el barrio y lo que viene siendo una fiesta bonita, pero con su realidad, dándole a cada artista su sitio verdadero» – Joselito Acedo
Dos días más tarde, el 24 de septiembre, Ezequiel Benítez presentará Lo que nadie ve, un espectáculo que toma su título precisamente de aquello que la Bienal persigue revelar: las emociones ocultas, los silencios, el sacrificio y la dimensión invisible que sostiene el arte del cante.
«En este disco, ‘Lo que nadie ve’ escondo muchas cosas. Doy muchos mensajes de la vida, creo que el flamenco no tenia ese tipo de mensajes que creo que también están a la orden de nuestro día a día, porque los flamencos en nuestra búsqueda, somos muy espirituales». – Ezequiel Benítez
El recorrido por la memoria concluirá el 26 de septiembre con el estreno absoluto de Tribusssh!, de Pastora Galván. La bailaora sevillana, heredera de una de las grandes familias del baile, vuelve a la Bienal con una propuesta que dialoga con la tradición desde la libertad creativa y una personalidad escénica inconfundible, explorando nuevos territorios sin renunciar a la fuerza de su raíz.
«Con ‘Tribusssh!’ quiero reflejar la juntiña que había en los años 70 y 80 en los baretos, donde se juntaban los gitanos o flamencos con los rockeros. Y ahí nace mi tribu: la gitana y la rockera». – Pastora Galván
Cuando la fiesta también guarda la memoria
El último tramo del viaje conduce hacia un flamenco que nace de la convivencia, del encuentro y de esa celebración espontánea donde el arte se transmite de generación en generación.
El 28 de septiembre, Manuel Cuevas y Miguel de Tena protagonizarán la noche única Por Vallejo, un homenaje al centenario de la Llave de Oro concedida a Manuel Vallejo. Dos voces profundamente conocedoras del cante clásico revisitarán su legado desde el respeto y la emoción.
El cantaor Manuel Cuevas declaraba que «en mi casa siempre ha estado presente la figura de Manuel Vallejo. Creo que es un cantaor al que no se le ha dado el sitio que se merece porque fue un genio, por lo que los cantaores tememos hacer cosas de él por miedo a la comparación». Mientras que, por su parte, Miguel de Tena afirmaba que «harán algunas letras de Manuel Vallejo que nunca llegó a grabar».
La noche del 30 de septiembre llegará uno de los encuentros más esperados con Capullo de Jerez y José de los Camarones, que presentarán Los flamencos no van a la barbería. Un título que es toda una declaración de intenciones para una propuesta construida desde la improvisación, el humor, la experiencia compartida y la verdad de un cante que no entiende de artificios.
«En las bellas artes, en el flamenco y para mí, los dogmas privan la libertad». Así hablaba José de los Camarones de un espectáculo que no pretende sentar cátedra, sino compartir su arte como lo siente en cada momento.
El broche final llegará el 1 de octubre con Herencia, una Noche Única protagonizada por Juan Parrilla y Bernardo Parrilla, junto a Diego Carrasco y Carrete de Málaga. Flauta, violín, baile, compás y memoria familiar confluyen en una celebración del legado flamenco entendida como transmisión viva, donde la tradición no se conserva en vitrinas, sino que sigue creciendo sobre el escenario.
«El espectáculo se llama ‘Herencia’ porque hemos tenido la suerte de tocar con numeroso artistas. Moraíto, José Mercé, Tomatito, Aurora Vargas… Llevamos 40 años con la flauta y con el violín, pero hemos tenido mucha suerte de tener esa herencia» – Juan Parrilla
Un lugar donde la Bienal se revela
La programación del Teatro Alameda no responde únicamente a una sucesión de espectáculos. Es un relato construido para que el público descubra cómo el flamenco se transforma sin dejar de reconocerse, cómo conviven quienes llegan con quienes llevan toda una vida sosteniendo el arte y cómo la fiesta también puede ser una forma de preservar la memoria.
Porque hay un flamenco que sucede cuando termina la función. El que nace en la conversación, en el encuentro y en las noches que se prolongan más allá del escenario.
Y es precisamente ahí, en ese territorio compartido donde conviven juventud, memoria y celebración, donde la Bienal se revela. Donde lo invisible vuelve a hacerse visible.










