Hay instrumentos que sostienen el flamenco desde un lugar discreto. Están ahí, en la sombra del cante, bajo el vuelo del baile, dibujando caminos que a veces pasan desapercibidos. Y, sin embargo, basta que el escenario se quede a solas con una guitarra para descubrir que, en realidad, muchas de las historias del flamenco nacen entre seis cuerdas.
Y, justo eso, fue lo que se reveló – de forma algo tímida, pero firme – en la Tertulia Bienal celebrada en el Restaurante Abades Triana. Frente al Guadalquivir, mientras la ciudad ya comenzaba a intuir el mapa de la XXIV Bienal de Flamenco, el Espacio Turina apareció como algo más que una sede de programación: un lugar de escucha, un refugio para el toque y el espacio donde la guitarra deja de acompañar para ocupar el centro de la escena.
No era únicamente una presentación de espectáculos. Era la confirmación de un instrumento que merece su lugar por derecho.
Un refugio para escuchar el toque
Fernando Mañes, director general de Cultura del Ayuntamiento de Sevilla, recordó que la Bienal es mucho más que una suma de funciones:
«Es un proyecto de ciudad que, edición tras edición, implica a instituciones, entidades, creadores y ciudadanía en torno a una de nuestras principales señas de identidad cultural. Queremos que la Bienal se viva en los teatros y auditorios, pero también en las calles, en los espacios de encuentro y en la conversación cotidiana de Sevilla».
En ese mapa compartido, los espacios municipales han encontrado una identidad propia. Si la Real Fábrica de Artillería se ha consolidado como laboratorio para las propuestas más experimentales, el Espacio Turina se ha convertido en la casa de la música instrumental y, durante la Bienal, en el hogar natural de la guitarra flamenca de concierto. Su acústica, precisa y cercana, parece hecha para escuchar cada matiz, cada silencio, cada respiración del toque.
Luis Ybarra, director de la Bienal, subrayó la singularidad de esta apuesta:
«No existe otro acontecimiento en el mundo que reúna tal número de citas dedicadas exclusivamente a la guitarra flamenca. Catorce conciertos en toda la Bienal, nueve de ellos en el Turina. Un auténtico templo de la sonanta donde convivirán maestros consagrados, jóvenes intérpretes, debutantes y formas diversas de entender un mismo instrumento. Un espacio que funciona como una Bienal en sí.»
Una fotografía del presente de la guitarra: desde el toque desnudo hasta el diálogo con otros lenguajes; desde la tradición heredada hasta las búsquedas que anuncian el futuro.
Nueve tardes para descubrir una guitarra distinta
El viaje comenzará el 11 de septiembre con Antonio Rey, una de las voces imprescindibles de la guitarra contemporánea. Su Historias de un flamenco, reconocido con un Latin Grammy, llegará al Turina como una declaración de intenciones: la tradición puede seguir creciendo sin perder la raíz, y la guitarra continúa encontrando nuevas maneras de contar el mundo.
Al día siguiente, el 12 de septiembre, la Bienal propiciará uno de esos encuentros que parecen (y que casi ciertamente lo están) escritos por el azar y la complicidad. Canito y Raúl Rodríguez compartirán escenario por primera vez en La cuerda al aire, una conversación entre la Guitarra y el Tres Flamenco donde la escucha, la afinidad y las músicas de raíz construirán un territorio común.
En palabras de Raúl Rodríguez, conocimos el origen de La cuerda al aire: «El espectáculo es una celebración de la capacidad de afinación emocional entre los músicos que es la misma que entre las personas cuando se juntan y quieren construir belleza común para luchar contra la soledad del mundo. Es una propuesta que viene de la mano de la Bienal y que nace de la idea de Luis Ybarra «vosotros sois diferentes al resto y, en eso, sois iguales»
El 13 de septiembre, el escenario quedará prácticamente a solas con el instrumento. José Fermín Fernández debutará en la Bienal con Guitarra desnuda, un regreso a la esencia, al sonido sin artificios, a la fuerza expresiva de una guitarra capaz de sostener por sí misma un universo entero de emociones y relatos. Guitarra y nada más que guitarra en estado puro.
«Creo que el guitarrista, en algún momento, tiene la necesidad de expresar lo que siente a solas en el escenario. Yo, de hecho, me encuentro en ese momento» compartía José Fermín ante periodistas, público y artistas.
Tras unos días de pausa, el 18 de septiembre, llegará el turno de Juan Requena, que asumirá por primera vez el protagonismo absoluto con Requeneando. Después de años acompañando al cante y al baile, el guitarrista malagueño mostrará un universo propio junto a Los Makarines y con la colaboración especial de José Ángel Carmona, abriendo una puerta a los paisajes que habitarán su próximo trabajo discográfico.
Durante la tertulia, afirmó que en esta cita con la Bienal nos regalará una propuesta de un disco nuevo que, pese a haberse creado hace años, aún no está grabado:
El 19 de septiembre, el Turina acogerá uno de los estrenos absolutos de esta edición y que, además, representa el toque femenino. María Marín presentará Las Tres Marías, una propuesta que se mueve con libertad entre la guitarra, la composición, la voz y la experimentación. Un lenguaje personal, ajeno a las etiquetas, que confirma una de las miradas más inquietas y originales del flamenco actual.
«He sido muchos años cantaora y a día de hoy estoy en compañía de Israel Galván, lo cual me hace abrir una ventana hacia a la experimentación y hacia ese abrazo de fuerza entre las guitarras barrocas, clásicas, románticas, flamencas…». Así, María Marín, nos abría su mundo interior y nos contaba en qué momento creativo se encuentra.
Cuando el toque encuentra otros caminos
El 20 de septiembre, la guitarra se convertirá en lugar de encuentro. Manos que hablan reunirá a Manuel de la Luz y Manuel Imán, dos músicos de trayectorias distintas pero unidas por una misma curiosidad sonora. El flamenco de concierto y la memoria del rock andaluz dialogarán para demostrar que las fronteras musicales son, a menudo, solo una cuestión de escucha.
Sobre el espectáculo, Manuel Imán explicaba que «se trata de un diálogo en el que haremos que las manos hablen. Se puede comunicar sin que la palabra sea necesaria, por lo que es un reto en el que crearemos algo muy bonito tanto por separado como juntos».
Por su parte, Manuel de la Luz, afirmaba: «iré de la mano de Manuel Imán y haré lo que él quiera, porque siempre m ha interesado de la música el aprender y, si es de grandes guitarristas, mejor».
Las llamadas Noches Únicas regresarán al Turina el 25 de septiembre con Diego del Morao y Más Morao. En su toque convivirán la profundidad del compás jerezano, la herencia de una saga imprescindible y una sensibilidad abierta a nuevas resonancias. Una forma de mirar al pasado sin dejar de caminar hacia delante.
El 26 de septiembre, Juan Medina, tras años de éxito bajo el nombre de Juanito Makandé, abrirá una nueva etapa con Fugaz. Acompañado por Agujetas Chico, Óscar Manzano y Poti Trujillo, reivindicará la guitarra como centro de un lenguaje donde dialogan el flamenco, el jazz y la búsqueda constante de una voz propia.
Y el cierre llegará el 27 de septiembre con otra de las grandes apuestas irrepetibles de esta Bienal. En Cuadro, Dani de Morón recuperará la esencia del cuadro flamenco como espacio de encuentro, improvisación y creación compartida. Junto a Sergio El Colorao, Amparo Lagares, Ismael El Bola, Claudia La Debla y Los Mellis, convertirá el escenario en un organismo vivo donde el cante, el toque, el baile, el silencio y la emoción se transforman mutuamente.
Durante la tertulia, Dani de Morón detallaba de dónde nace Cuadro: «la idea nace de trabajar un concierto, pero con una formación similar a cómo estructura el maestro Pedro los conciertos. Teniendo claro que no es un homenaje a él y salvando las distancias, pero si tomar ese hilo conductor para crear un mundo sonoro cogiendo elementos que me funcionaran para llegar a ello».
El lugar donde el silencio también interpreta
Quizá esa fue la verdadera revelación de la tertulia celebrada junto al río: que mientras la Bienal despliega su geografía por toda Sevilla, existe un lugar donde el flamenco sucede de otra manera. Un espacio donde la guitarra deja de ser acompañamiento para convertirse en relato, donde el sonido encuentra refugio y el silencio adquiere un valor inesperado.
El Espacio Turina volverá a ser, durante nueve tardes de septiembre, ese lugar donde escuchar lo que habitualmente permanece oculto.
Porque hay veces en que el flamenco se revela sin necesidad de palabras. Y basta una guitarra para hacerlo visible.










